El ojo de la aguja

Mas fácil es pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios

Marcos 10:25

En tiempo de Jesús la muralla de Jerusalén tenia distintas puertas para entrar y salir de la ciudad. Por ellas la gente entraba y salía con las mercancías para el comercio.

Por la noche estas puertas se cerraban evitando así la entrada y salida de artículos sin el control romano. Por lo tanto, únicamente a través de un pequeño pasadizo, era posible entrar y salir de la cuidad. Por este pasadizo angosto, llamado el ojo de la aguja, podría pasar un camello de rodillas y por supuesto sin llevar ningún tipo de carga.

Cuando comenzamos nuestra vida laboral como adulto, comenzamos con pequeñas mochilas a nuestras espaldas. Vamos prosperando y queremos ir llenando cada vez mas esa mochila de una mejor casa, un mejor coche, y poco a poco vamos centrando nuestra vida en cosas terrenales.

Para nuestra vida Cristiana, como dice la palabra no podemos servir a dos señores al mismo tiempo. Cuanto más queremos prosperar en el mundo más debemos ser egoístas y sutilmente sin percibirlo vamos apartando el amor y el cuidado por los demás.

Debemos vivir en este mundo, es así, pero debemos vivir en alerta. El enemigo usa todo lo que tiene a su alcance y ahora en este mundo globalizado donde puedes acceder a cualquier cosa desde cualquier sitio, más. El enemigo disfruta de grandes escaparates con grandes focos para distraer nuestra atención del Señor.

Ya no nos vale lo que tenemos. El móvil que compramos el año pasado ya nos aburre y queremos uno mas moderno, aunque “realmente no se para que”. La televisión del salón tiene tres años pero ya es vieja por que en vez de ser OLED solo es LED.  Acabamos de pasar el “Black Friday” y por si acaso te resististe tienes el “Ciber Monday”. Ah, pero no te preocupes que ahora llega la Navidad y ahí si está permitido todo tipo de compras por si tenias algún remordimiento.

El dinero, la avaricia, la sexualidad, las posesiones, nos van  volviendo esclavos del mundo.

Nuestro trabajo, casa, dinero, etc. van a hacer que nuestra carga sea mas pesada en nuestro día a día. Cada día quieres más y más.

Vas olvidando que si el Señor cuida de los pájaros, más cuidará de sus hijos, pero tu ves que sigues y sigues prosperando y ya solo piensas que con tu esfuerzo todo lo consigues.

El enemigo es astuto, maestro del engaño. Espera tus distracciones y poco a poco, sin percibirlo, te va separando del Señor. Si viésemos al enemigo llegando a nuestras vidas haciendo ruido , como se dice en España “como pasando un elefante por una cacharrería” sin duda no le dejaríamos ni acercarse.

Primero te pone en el corazón que tú, solo, sin ayuda del Señor, eres capaz de todo. 

Y así poco a poco vas dejando de orar, después vas dejando de cantar alabanzas, ya solo lees la palabra del Señor en contadas ocasiones por que estas cansado de trabajar y mejor es ver la televisión para podernos distraer. Congregarte vas también dejando de hacerlo por que el trabajo que tanto deseas para ganar dinero, no te deja tiempo libre y el poco que tienes no vas a emplearlo en ayudar a los necesitados o para congregarte.

Y un día llegarás a la puerta angosta, al “ojo de la aguja” con tu pesada carga a tus espaldas y te darás cuenta de que no puedes pasar por ese estrecho túnel que da acceso a estar en la presencia del Señor.

         No estoy queriendo decir que el Señor no nos Bendiga con prosperidad, si no que, no podemos ser esclavos del mundo buscando nosotros de forma activa, las cosas del mundo.

         Como dice en la palabra:

“y aumentó al doble todas las cosas que habían sido de Job”

JOB 42:10

Estamos a tiempo de buscar quien deseamos que sea el centro de nuestras vidas.

Que lleguemos a ser “Cristo-Céntricos”.

“En cuanto a la pasada manera de vivir, despojémonos del viejo hombre que está viciado conforme a los deseos engañosos”.

Efesios 4:22

¿Como son nuestras peticiones al Señor sobre nuestros deseos y necesidades? En la Palabra está escrito, podemos pedir al Padre cualquier cosa, más todo no nos es permitido.

Mas muchas veces si el Señor no nos lo concede, nos enojamos y decimos “Señor, ¿porque no me escuchaste?”.

Busquemos primeramente el reino de los Cielos y todo lo demás será añadido. Dejemos a Jesús librarnos de nuestras pesadas cargas y así, poder pasar por “el ojo de la aguja”.

            José Luis Robledo

Tiempos de la higuera: Terrenal y Espiritual

Estudio Biblico

El Señor tiene una inmensa paciencia con sus hijos. Él espera a cada una de sus ovejas como hijos pródigos. El Señor nos ha dado la libertad de libre de elección de acercarnos a Él o no.

Tiempo terrenal

Lucas 13:6-9

Luego Jesús les contó la siguiente historia: «Un hombre plantó una higuera en su jardín, y regresó varias veces para ver si había dado algún fruto, pero siempre quedaba decepcionado.

Finalmente le dijo al jardinero: “Llevo tres años esperando, ¡y no ha producido ni un solo higo! Córtala, sólo ocupa espacio en mi jardín”.

El jardinero respondió: “Señor, dale otra oportunidad. Déjala un año más, y le daré un cuidado especial y mucho fertilizante.

Si el año próximo da higos, bien. Si no, entonces puedes cortarla.

Teniendo una vida en Cristo debemos buscar los frutos que como hijos suyos a través del Espíritu Santo nos da a nuestras vidas.

En la parábola el Señor nos muestra como espera que nosotros como la higuera produzcamos frutos agradables para Él. El Señor nos da toda una vida terrenal para poder desarrollar los frutos que Él espera de nosotros.

Pablo nos recuerda cuales son esos frutos que el Señor quiere de nosotros en Gálatas 5:22-23

Pero la clase de fruto que el Espíritu Santo produce en nuestra vida es: amor, alegría, paz, paciencia, gentileza, bondad, fidelidad, humildad y control propio. ¡No existen leyes contra esas cosas!

  • Amor: Marcos 12:30-31 Amarás al SEÑOR tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas”. El segundo es igualmente importante: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Todos los frutos giran en torno al amor. Es el más importante de todos, ya que sin este, ninguno de los demás podrían existir. Este es el fertilizante que debe llegar a cada una de las ramas de la higuera.
  • Alegría: Cuando tenemos el amor de Cristo en nosotros aun en los tiempos de aflicción su amor sale de nosotros para hacer felices a los demás.
  • Paz: Cuando estamos en paz nada nos perturba por más ataques que haya en nuestras vidas, pues, tenemos el amor de Cristo en nosotros.
  • Paciencia: Al estar en paz nos hace ser estables y no alterarnos ante las luchas visibles e invisibles que nos rodean y nos permite esperar en paz los balanceos que como espigas de trigo nos depara la vida.
  • Gentileza: Nos permite ser especiales con los demás y nos sirve de ayuda para con los demás.
  • Bondad: No trae nunca juicio para los demás y mediante la gentileza nos permite ayudar al necesitado. Nos permite estar atentos a todas aquellas personas que están en sufrimiento y necesitadas de ayuda.
  • Fidelidad: La fortaleza de nuestra fe. Saber esperar sin lugar a ninguna duda que las promesas de nuestro Señor se cumplirán y defender la fe en el Señor sin ningún temor.
  • Humildad: Es nuestro estilo de vida. Cuidar nuestra forma de hablar, vestir, comportarse, para no llegar a ser causa de pecado para los demás
  • Control propio: Control sobre las cosas mundanas y desecharlas de nuestra vida. Al tener a Cristo en nosotros debemos cuidar la forma de vivir entre los placeres terrenales que pueden traernos distracción. Nuestro caminar se asemeja a una calle, donde a los lados, el diablo llena de escaparates con grandes carteles luminosos para llamar nuestra atención y salirnos del camino.

Tiempo Espiritual

Mateo 21:18-19

Por la mañana, cuando Jesús regresaba a Jerusalén, tuvo hambre y vio que había una higuera junto al camino. Se acercó para ver si tenía higos, pero sólo había hojas. Entonces le dijo: «¡Que jamás vuelva a dar fruto!». De inmediato, la higuera se marchitó.

Cuando seamos llamados a la presencia del Señor, Él querrá probar de nuestro fruto. De nada valdrá que la higuera este frondosa, llena de hojas, porque el Señor querrá nuestros frutos.

En esta ocasión ya no tendremos más oportunidades. Si no se han producido los frutos deseados por el Señor durante nuestra estancia terrenal, la higuera será desechada y se secará al instante.