Tiempos de la higuera: Terrenal y Espiritual

El Señor tiene una inmensa paciencia con sus hijos. Él espera a cada una de sus ovejas como hijos pródigos. El Señor nos ha dado la libertad de libre de elección de acercarnos a Él o no.

Tiempo terrenal

Lucas 13:6-9

Luego Jesús les contó la siguiente historia: «Un hombre plantó una higuera en su jardín, y regresó varias veces para ver si había dado algún fruto, pero siempre quedaba decepcionado.

Finalmente le dijo al jardinero: “Llevo tres años esperando, ¡y no ha producido ni un solo higo! Córtala, sólo ocupa espacio en mi jardín”.

El jardinero respondió: “Señor, dale otra oportunidad. Déjala un año más, y le daré un cuidado especial y mucho fertilizante.

Si el año próximo da higos, bien. Si no, entonces puedes cortarla.

Teniendo una vida en Cristo debemos buscar los frutos que como hijos suyos a través del Espíritu Santo nos da a nuestras vidas.

En la parábola el Señor nos muestra como espera que nosotros como la higuera produzcamos frutos agradables para Él. El Señor nos da toda una vida terrenal para poder desarrollar los frutos que Él espera de nosotros.

Pablo nos recuerda cuales son esos frutos que el Señor quiere de nosotros en Gálatas 5:22-23

Pero la clase de fruto que el Espíritu Santo produce en nuestra vida es: amor, alegría, paz, paciencia, gentileza, bondad, fidelidad, humildad y control propio. ¡No existen leyes contra esas cosas!

  • Amor: Marcos 12:30-31 Amarás al SEÑOR tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas”. El segundo es igualmente importante: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Todos los frutos giran en torno al amor. Es el más importante de todos, ya que sin este, ninguno de los demás podrían existir. Este es el fertilizante que debe llegar a cada una de las ramas de la higuera.
  • Alegría: Cuando tenemos el amor de Cristo en nosotros aun en los tiempos de aflicción su amor sale de nosotros para hacer felices a los demás.
  • Paz: Cuando estamos en paz nada nos perturba por más ataques que haya en nuestras vidas, pues, tenemos el amor de Cristo en nosotros.
  • Paciencia: Al estar en paz nos hace ser estables y no alterarnos ante las luchas visibles e invisibles que nos rodean y nos permite esperar en paz los balanceos que como espigas de trigo nos depara la vida.
  • Gentileza: Nos permite ser especiales con los demás y nos sirve de ayuda para con los demás.
  • Bondad: No trae nunca juicio para los demás y mediante la gentileza nos permite ayudar al necesitado. Nos permite estar atentos a todas aquellas personas que están en sufrimiento y necesitadas de ayuda.
  • Fidelidad: La fortaleza de nuestra fe. Saber esperar sin lugar a ninguna duda que las promesas de nuestro Señor se cumplirán y defender la fe en el Señor sin ningún temor.
  • Humildad: Es nuestro estilo de vida. Cuidar nuestra forma de hablar, vestir, comportarse, para no llegar a ser causa de pecado para los demás
  • Control propio: Control sobre las cosas mundanas y desecharlas de nuestra vida. Al tener a Cristo en nosotros debemos cuidar la forma de vivir entre los placeres terrenales que pueden traernos distracción. Nuestro caminar se asemeja a una calle, donde a los lados, el diablo llena de escaparates con grandes carteles luminosos para llamar nuestra atención y salirnos del camino.

Tiempo Espiritual

Mateo 21:18-19

Por la mañana, cuando Jesús regresaba a Jerusalén, tuvo hambre y vio que había una higuera junto al camino. Se acercó para ver si tenía higos, pero sólo había hojas. Entonces le dijo: «¡Que jamás vuelva a dar fruto!». De inmediato, la higuera se marchitó.

Cuando seamos llamados a la presencia del Señor, Él querrá probar de nuestro fruto. De nada valdrá que la higuera este frondosa, llena de hojas, porque el Señor querrá nuestros frutos.

En esta ocasión ya no tendremos más oportunidades. Si no se han producido los frutos deseados por el Señor durante nuestra estancia terrenal, la higuera será desechada y se secará al instante.